Mallorca: Cultura, historia y naturaleza en tres días
"La vida es hermosa, vivirla no es una casualidad" – Albert Einstein
Aprovechando el puente de Todos los Santos de 2019, pasamos tres días en Mallorca entre el 29 de octubre y el 2 de noviembre. Fue una escapada bien organizada para descubrir Palma, Alcudia, Pollensa, Sóller y Valldemossa combinando historia, paisajes y gastronomía.
Alojamiento y transporte
Nos alojamos en el Hotel Helios, por 215 € con desayuno incluido, muy cerca de Palma y con buena conexión por autopista. Volamos con Air Europa, pagando solo 32 € gracias a puntos acumulados. Para movernos, alquilamos un Opel Mokka por 92 €, recogido en el aeropuerto. Tener coche fue clave para recorrer la isla a nuestro ritmo.
Itinerario
Día 1 – Palma de Mallorca
Llegamos al mediodía, nos instalamos en el hotel y por la tarde exploramos el centro histórico de Palma. Aparcamos junto a la catedral y paseamos por sus calles principales, disfrutando de la arquitectura señorial y el ambiente local.
Día 2 – Alcudia y Pollensa
Pollentia: restos romanos con cimientos de foro, viviendas y teatro.
Alcudia: casco antiguo amurallado y calles empedradas.
Pollensa: pueblo con encanto y terrazas ideales para descansar.
Sóller
Día 3 – Valldemossa y Sóller
Valldemossa: visitamos la Cartuja, antiguo monasterio que alojó a Chopin y Rubén Darío. Después nos dirigimos a Sóller, donde almorzamos en el centro, paseamos por el puerto y vimos su tranvía histórico de principios del siglo XX.
Día 4 – Palma: historia y arquitectura
Palacio Real de la Almudaina (siglo XIV).
Catedral (cerrada en esta ocasión).
Casco antiguo con palacios y casas nobles.
Castillo de Bellver: fortaleza circular con vistas panorámicas.
Valoración final
Fue un viaje cómodo y bien planificado. El alojamiento tranquilo, el coche de alquiler y la selección de lugares permitieron una escapada equilibrada entre cultura, historia y naturaleza. En tres días conocimos varios de los rincones más interesantes de Mallorca sin prisas y con tiempo para disfrutar.
“Lisboa es luz y melancolía, un puente entre el pasado y el horizonte infinito.”
Lisboa la visitamos con relativa frecuencia desde finales de los 80 y he regresado varias veces desde 2004. Ciudad de colinas, tranvías y azulejos, combina tradición y vida contemporánea. Podría vivir en Lisboa sin problema. Me atrae tener el mar cerca y el ritmo tranquilo de la ciudad.
Llegada y alojamiento
Suelo llegar en coche desde Badajoz (trayecto cómodo). El tren no destaca por rapidez ni comodidad; el avión es una gran alternativa desde varias ciudades. Nos alojamos cerca de la Plaza del Marqués de Pombal: zona tranquila, bien comunicada y con buena oferta hotelera.
Itinerario por la ciudad
Alfama, Chiado y Barrio Alto en el 28
Lisboa se disfruta a pie o en el tranvía 28, que recorre Alfama, Chiado y Barrio Alto. Alfama es mi rincón favorito: cuestas empedradas, ropa tendida, fachadas antiguas y, a veces, fado asomando por las ventanas.
La Plaza del Comercio se abre al Tajo como un salón urbano. La Catedral (Sé) mezcla siglos y estilos, y es una parada perfecta para entender la historia de la ciudad.
Parque de las Naciones y excursión a Sintra
Para un contraste moderno, el Parque de las Naciones (Expo 98) ofrece paseos junto al río y arquitectura contemporánea. Desde Lisboa, Sintra es una excursión perfecta de un día: palacios, jardines y aire romántico (conviene salir temprano).
Gastronomía
Cocina honesta y sabrosa: bacalhau à Brás (dourado), carne de cerdo con almejas y los pasteles de nata. Consejo: aléjate un par de calles de las zonas más turísticas para encontrar mejores precios y ambiente local.
Parada dulce: pastéis de nata
Compras y paseos
Tiendas y cafés del Chiado.
Ambiente nocturno en Barrio Alto.
Miradores de Graça y Santa Luzia hacia el Tajo.
Lisboa para quedarse
Lisboa no es solo un destino: es una posibilidad de hogar. Entre tranvías, miradores y el Tajo, cada visita confirma lo mismo: volver… o quedarse.
Etiquetas: viajes, Lisboa, Portugal, Europa, capitales, turismo cultural, Belém, Alfama, tranvía 28, pasteles de nata
Anfiteatro romano visto desde el Balcón del Mediterráneo
"Vivir en los corazones que dejamos tras nosotros, eso no es morir."
Thomas Campbell
En febrero de 2024 retomamos nuestras escapadas de dos noches, breves pero suficientes para descubrir lugares con historia sin alejarnos demasiado de El Campello. Esta vez el destino fue Tarragona, una ciudad que conocíamos solo de paso y que merecía una visita en profundidad.
Llegada y alojamiento
Nos alojamos en el Hotel Tancat de Codorniu, en Alcanar, el primer pueblo de la provincia de Tarragona, a solo una hora de la ciudad y a 15 minutos de Vinaroz. Una cabaña independiente con todas las comodidades, en un entorno ideal para el descanso. Un lugar al que, sin duda, volveríamos.
Itinerario por la ciudad
Tarde en Vinaroz
Antes de la primera noche visitamos Vinaroz (Castellón), con su paseo marítimo tranquilo y un clima invernal agradable.
Pasteles en la Patisseria Cocoa.
Exposición sobre el Carnaval de Vinaroz en una antigua iglesia junto al mercado central.
Tarragona: historia viva
Llegar a Tarragona no fue sencillo: una huelga de agricultores retrasó el acceso, pero valió la pena. Empezamos en el Balcón del Mediterráneo, con vistas espectaculares al mar y al anfiteatro romano (siglo II d.C.), que en el pasado acogió luchas de gladiadores y, con el tiempo, iglesias, conventos y hasta una prisión.
Almuerzo y Catedral
Comimos en el restaurante Gure Etoki, en el centro histórico. Después visitamos la Catedral de Tarragona, un edificio que combina románico, gótico y renacentista, reflejo de siglos de historia.
Murallas y restos imperiales
Recorrimos parte de la muralla romana, con 800 metros de trazado conservado. También visitamos los restos del palacio del emperador Augusto, símbolo del poder de Tarraco en época imperial.
El teatro romano
Quedan pocos restos del teatro romano, pero fotos de 1909 muestran su relevancia. Hoy el entorno está parcialmente ocupado por edificaciones modernas.
Gastronomía
Destacamos la cocina local del restaurante Gure Etoki y los dulces de la Patisseria Cocoa en Vinaroz. En el casco antiguo de Tarragona abundan restaurantes y terrazas donde probar calçots, arroces marineros y vinos de la DO Tarragona.
Compras y paseos
Paseo marítimo de Vinaroz.
Calles peatonales del centro histórico de Tarragona.
Recorrido por el perímetro de la muralla romana.
Un viaje en el tiempo
Tarragona combina su legado romano con un presente vivo y turístico. Visitarla es recorrer siglos de historia, en una ciudad abierta al mar que podría aspirar, por historia y peso urbano, a ser capital de Cataluña.
Viena en invierno: mercados navideños y arquitectura imperial
Viena, diciembre de 2023.
"Viena combina su herencia imperial con el ambiente acogedor de los mercadillos navideños"
Trece años después, regresamos a Viena. Para mí fue la quinta visita y, como siempre, descubrí nuevos rincones. En esta ocasión viajamos con mi hermana menor y su marido para recorrer los mercados navideños, una de las tradiciones más especiales de la ciudad en diciembre.
Llegada y alojamiento
Nos alojamos en el Hotel Exe Viena, bien comunicado y a unos 10 minutos en tranvía de la Plaza del Ayuntamiento. El tranvía número 44 pasa por delante y deja junto al Parlamento.
Itinerario por la ciudad
Palacio de Schönbrunn
Visitamos de nuevo el Palacio de Schönbrunn, incluyendo su interior y el Museo de Carruajes. Almorzamos en la cafetería del recinto, con salchichas, puré y goulash. Frente al palacio se encuentra el mercado navideño de Schönbrunn, uno de los más bonitos por su entorno.
Catedral de San Esteban y alrededores
Accedimos al interior de la Catedral de San Esteban (entrada 6 €) y paseamos por calles cercanas como Graben y Kärntner Strasse, con tiendas decoradas. Almorzamos en Vapiano Moulin Rouge, especializado en pasta y pizza al momento.
Biblioteca Nacional y Cripta Imperial
Recorrimos la Biblioteca Nacional y la Cripta Imperial bajo la iglesia de los Capuchinos, donde descansan los Habsburgo. En la zona visitamos también el mercado de Freyung, acogedor y perfecto para probar vino caliente.
Ayuntamiento y zona de los museos
El mercado frente al Rathaus es el más grande de Viena. A su alrededor se encuentran el Parlamento, la Iglesia Votiva y la Plaza Maria-Theresien con su mercado entre museos. Dejamos pendiente visitar el MuseumsQuartier.
Belvedere, Karlplatz y Secesión
En la última jornada visitamos el Palacio de Belvedere con obras de Gustav Klimt, caminamos hasta Karlplatz para ver la Iglesia de San Carlos Borromeo y terminamos en la Secesión, donde se expone el famoso friso de Klimt. Almorzamos en Bier & Bierli, buena comida a precios razonables.
Gastronomía
En Viena destacan las salchichas, el goulash, el schnitzel y los dulces como la tarta Sacher. Los mercados navideños son ideales para probar vino caliente y dulces típicos. Los precios en restaurantes varían entre 15 € y 25 € por persona.
Compras y paseos
Mercados navideños (Rathaus, Schönbrunn, Freyung)
Tiendas de Graben y Kärntner Strasse
Paseos por el centro histórico y zonas imperiales
Viena permanece inmutable
La seguridad, limpieza y ambiente cultural de Viena se mantienen intactos con el tiempo. En diciembre, la ciudad combina majestuosidad imperial con la calidez de sus mercados navideños, convirtiéndose en uno de los destinos europeos más recomendables para esta época.
Etiquetas:viajes, Viena, Austria, Europa, capitales, turismo cultural
Nápoles y Pompeya: caos, alma y belleza frente al Vesubio
"Una ciudad real, vibrante y sin filtros: Italia en estado puro."
Estuvimos cinco días en Nápoles y sus alrededores. Es una ciudad con contrastes: calles muy transitadas y un centro histórico que puede resultar caótico. Al mismo tiempo, cuenta con importantes yacimientos y patrimonio arqueológico. Nápoles combina vida cotidiana e historia antigua en un mismo espacio.
Llegada y alojamiento
Nos alojamos en la zona de la estación central, práctica para moverse pero con signos de degradación urbana. A medida que te acercas al entorno del Duomo (San Genaro), el ritmo cambia: iglesias históricas, vida de barrio y una Nápoles más auténtica. Consejo: lleva margen de tiempo para transportes y entradas; la Campania Card puede fallar con los QR.
Itinerario por la ciudad
Día 1 · Centro histórico y Duomo
Recorrimos el casco antiguo: Catedral de San Genaro (reliquia y cabeza del patrón), y la Iglesia de Jesús el Nuevo, de fachada pétrea sobria e interior brillante. Primera pizza napolitana en horno de leña: masa sencilla, tomate y mozzarella de libro.
Día 2 · Lluvia, Galería Umberto I y Plaza del Plebiscito
La lluvia cambió planes. Entramos en la Galería Umberto I, paseamos por la Plaza del Plebiscito y bajamos por la calle Toledo, un hervidero de tiendas y voces. Trattoria sencilla para la pasta y café clásico por la tarde.
Día 3 · Pompeya: la ciudad detenida en el tiempo
Desde las 10:00 hasta las 18:00 recorriendo calles, casas, termas, panaderías y el Foro. Pausa a mediodía en un restaurante cercano. A pesar de la afluencia (finales de octubre), la visita fue fluida y emocionante en cada rincón.
Día 4 · Museo Arqueológico Nacional
Días después, completamos la experiencia en el Museo Arqueológico de Nápoles: esculturas, mosaicos y objetos cotidianos rescatados de Pompeya y Herculano. Varias piezas son únicas en el mundo. Lluvia fuera; dentro, un viaje a la Roma antigua.
Día 5 · Palacio Real, Castillo del Uovo y Santa Clara
Mañana en el Palacio Real (junto a Plebiscito). Tarde caminando hasta el Castillo del Uovo para un atardecer con el Vesubio recortado en el horizonte. Intento fallido de Caserta (cerrado), sustituido por el Claustro de Santa Clara, reconstruido tras la II Guerra Mundial.
Gastronomía
Pizza margarita, pasta al forno y dulces tradicionales. Buenos precios fuera de las zonas más turísticas. Consejo: reserva en horas valle y mira siempre el coperto (servicio) en la carta.
Compras y paseos
Calle Toledo – ejes comerciales y vida local.
Galería Umberto I – arquitectura y cafés.
Lungomare hasta el Castillo del Uovo – paseo con vistas al golfo y al Vesubio.
Nápoles: real y memorable
No es una ciudad que guste a todos, pero quien la recorre con tiempo puede conocer una Nápoles auténtica y activa.
Con tres días es posible ver lo principal, incluida Pompeya. Algunos inconvenientes, como los problemas con los códigos QR de la Campania Card, no afectan de forma significativa al viaje.
Londres (2008–2011): Tres viajes, once días y una ciudad irrepetible
Entre 2008 y 2011 viajamos tres veces a Londres. En total sumaron once días y nos permitieron conocer la ciudad con distintos ritmos. En todos los casos, la experiencia fue significativa.
No todo fue positivo. En los aeropuertos de Gatwick y Stansted los controles fronterizos resultaron tensos. El trato fue serio y poco cordial. Aunque el Reino Unido formaba parte de la Unión Europea en ese momento, la recepción no fue especialmente amable. Tampoco percibimos un trato especialmente cercano por parte de la población local.
Lo más destacado fue la oferta cultural. Visitamos la National Gallery, el British Museum y el Victoria & Albert Museum en varias ocasiones. También recorrimos el Tate Modern y el Museo de la Ciudad de Londres. Cada museo aporta una perspectiva distinta sobre el arte y la historia británica. La entrada gratuita a la mayoría de ellos facilita el acceso y convierte a Londres en uno de los principales centros culturales de Europa.
Londres es grande. Para recorrerla es imprescindible usar transporte público. En los tres viajes usamos la Oyster Card, combinando metro y autobús. Organizábamos cada día por zonas: llegábamos a un punto en metro y caminábamos hasta media tarde. Luego regresábamos al hotel para descansar y cenar cerca. Esa estrategia nos permitió disfrutar sin agotarnos.
También paseamos por barrios con personalidad propia: Notting Hill, con su aire bohemio; Covent Garden, con su mezcla de tiendas y vida callejera; Charing Cross, Trafalgar Square y Piccadilly Circus, que siempre vibran con energía. Londres es una ciudad de contrastes, y eso se nota en cada paseo.
Incluso entre 2008 y 2011, notamos cómo cambiaban barrios, comercios y hoteles. Londres está en permanente transformación. Hoy, tras el Brexit, y con una política migratoria más restrictiva, ya no es tan fácil imaginar una escapada espontánea. No sé si volveré. Tal vez no. Pero me queda la certeza de haber conocido una ciudad enorme, exigente, bella y culturalmente generosa.
Viajes realizados a Londres
2008 – Primer viaje (familia). NH Harrington, Kensington y Chelsea.
2010 – Segundo viaje (pareja). Ibis London Earls Court, Brompton.
2011 – Tercer viaje (con Carmen, en Cambridge). Residencia universitaria en Kensington.
2024 – Viajamos a Cambridge pero no visitamos Londres.
Total: 11 días en Londres.
Vídeo: Londres – Recuerdos de tres viajes
Etiquetas: Londres, Reino Unido, viajes, capitales, museos, turismo cultural, arquitectura, transporte público, Oyster Card, barrios de Londres
La vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes.
John Lennon
París: Tres viajes, tres estaciones, una ciudad inagotable
A lo largo de tres viajes a París —en febrero de 2008, junio de 2010 y junio de 2013— conocimos la ciudad bajo diferentes luces, climas y estados de ánimo. Cada visita ofreció una experiencia distinta: desde el frío radiante del invierno hasta la lluvia persistente del verano. París, inmensa, vibrante y monumental, nunca se repite.
Tras doce días en tres viajes, París sigue siendo inabarcable. La ciudad cambia con el clima y el estado de ánimo: luz de invierno, euforia veraniega, melancolía bajo la lluvia. Volver es descubrirla de nuevo.
Video: París – Recuerdos de tres viajes inolvidables
Febrero 2008: Ibis Plaza de Italia · Eiffel, Campos Elíseos, Louvre, Orsay, Montmartre.
Junio 2010: Acacias Étoile · Madeleine, Louvre · Mundial 2010 junto a la Torre Eiffel.
Junio 2013: zona Montparnasse · Inválidos, Panteón, Sorbona, Sena, Cementerio de Montparnasse.
Etiquetas:
París, viajes, Francia, capitales, turismo cultural, museos, monumentos, arquitectura, historia, Europa
“No importa lo que pase. Viajar te da una historia que contar.”
10–13 de julio de 2023. Regreso a Italia tras cuatro años. Vuelos directos desde Alicante y una ola de calor que nos obligó a dosificar. A cambio, Turín nos regaló cafés perfectos, plazas elegantes y dos museos potentes. Ciudad sobria, intelectual e industrial. Funciona.
Alojamiento: Hotel Torino Porta Susa
A un paso de la estación Porta Susa. Edificio mixto (viviendas + comercios). Buhardilla amplia con cocina y frigorífico (sin menaje). Silencioso y práctico.
Ubicación: ~30 min a pie del centro histórico. Con calor, usamos Uber para recortar distancias.
Relación calidad/precio: correcta para escapada corta.
Gastronomía y café
Italia se saborea. Trattorias sencillas, pasta al dente, pizza de borde crujiente y ristretto diario. Turín es tierra de Lavazza: el café sabe a casa.
Fuera del centro (metro, una sola línea, suficiente). Interesante por el vínculo con FIAT, aunque más técnico que espectacular. A 10 min, el Lingotto: antigua fábrica convertida en centro comercial/cultural. Buena última mañana entre historia industrial y ocio.
Consejos prácticos
Clima en julio: calor fuerte. Dosifica y busca sombra/cafés.
Movilidad: centro caminable; para distancias largas, Uber funciona bien.
Entradas: reserva online para el Museo Egizio en temporada alta.
Itinerario rápido (3 días)
Día 1: Piazza San Carlo, Piazza Castello, Palazzo Madama, Puerta Palatina.
Día 2:Museo Egizio (mañana) + paseo por el centro.
Día 3: Museo del Automóvil + Lingotto. Tarde libre de cafés y arcadas.
“La probabilidad de que tu vuelo salga a tiempo es directamente proporcional a la importancia de llegar tarde a tu destino”.
— Ley de Murphy
Viaje a Marruecos (mayo 2024). Mi primer contacto con el país fue Marrakech (2019), intensa y fascinante. Esta vez tocó Tetuán: más serena, local y poco turística. Iban a ser 4 días, pero la cancelación del vuelo de regreso lo alargó a 5. Aun así, es un destino curioso para una escapada corta.
Llegada y alojamiento
Volamos desde Alicante con tarifa completa por 157 € (2 personas, ida y vuelta, maleta de cabina, bolso y asientos). Nos alojamos en la Riad El Manantial (en la medina): 204 € por cuatro noches con desayuno. Silenciosa, cuidada y con gran atención.
Traslado: la riad organizó taxi de aeropuerto y guía para el primer acceso por la medina (no se entra en coche). Muy útil para orientarse.
Tip ahorro: contacta por WhatsApp con la riad; a veces mejor precio que en plataformas.
Qué ver en Tetuán
La medina (auténtica y poco comercial)
Lo más destacable: su medina, muy bien conservada y con vida local real. Menos tiendas “para turistas”, menos regateo, más cotidianidad. Con guía por la mañana y paseos libres por la tarde, en un día ves lo esencial.
El Ensanche (huella española)
El Ensanche, legado del antiguo protectorado español, luce arquitectura singular y bien cuidada. Interesante contraste con la medina.
¿Cuántos días?
Tetuán se visita en 1 día (medina + ensanche). Dos días dan margen para paseos tranquilos y repetir rutas.
Excursiones cercanas
Tánger (al norte): a ~1 hora. Ciudad portuaria con mezcla de influencias y bonitas vistas.
Chaouen (al sur): la “ciudad azul”, fotogénica y perfecta para un día.
Gastronomía (en corto)
En la medina es fácil encontrar cafeterías sencillas y platos tradicionales a buen precio. Para cenar tranquilos, la propia riad suele recomendar sitios cercanos según horario y aforo.
Compras y paseos
Medina: artesanía local sin aglomeraciones.
Ensanche: paseo arquitectónico y comercios de barrio.
Rincones tranquilos: patios, terrazas y plazas para hacer “paradas” sin prisa.
Seguros y prácticos
Seguro de viaje: tras la cancelación del vuelo, quedó claro que compensa (opciones básicas desde ~17 €; útil fuera de la UE).
Día 2: medina y ensanche (mañana con guía; tarde libre).
Día 3: rutas repetidas, compras, descanso en la riad.
Día 4: paseos tranquilos. Vuelo cancelado de noche.
Día 5: noche extra y reorganización. Regreso a Alicante.
Conclusión
Tetuán es una ciudad auténtica, serena y nada masificada. Perfecta para 1–2 días, especialmente si la combinas con Tánger o Chaouen. Con vuelo barato, riad con encanto y guía local, la experiencia es cómoda y redonda.
Viena: cinco viajes a la elegancia imperial (1995–2023)
Belvedere, Viena
“Viena no se impone, se insinúa. No grita, susurra.”
Viena es una ciudad a la que he regresado en varias ocasiones. La visité por primera vez en octubre en 1995 y, desde entonces, he estado cuatro veces mas.
Destaca por su arquitectura imperial y su historia. Uno de los recorridos habituales ha sido caminar desde la Ópera por la Ringstrasse, pasando por el Parlamento y el Ayuntamiento (Rathaus), entre otros edificios históricos.
Incluso en mi viajes por motivos profesionales, encontré tiempo para recorrer la ciudad a pie. Viena combina patrimonio, orden urbano y una vida cultural consolidada.
Viena en invierno
La mayoría de mis visitas a Viena han sido en diciembre. En esa época la ciudad está iluminada y cuenta con mercadillos de Navidad en distintos puntos. En noviembre de 2010 recorrimos sus calles con la sensación de volver a un lugar conocido. Antes habíamos estado en 2006 y 2009.
En 2023 regresé por quinta vez, acompañado por mi hermana menor y su marido. Su interés principal eran los mercadillos navideños, que en algunos ámbitos institucionales se denominan “mercados de invierno”. Nosotros viajamos con la intención de visitar los tradicionales mercadillos de Navidad.
Nos alojamos en el Hotel Exe Viena, situado a unos diez minutos en tranvía del Ayuntamiento. El tranvía 44 nos dejaba junto al Parlamento. Desde esa zona era fácil desplazarse a pie a los principales puntos del centro.
Mercadillos entre palacios
El primer día lo dedicamos al Palacio de Schönbrunn, que ya habíamos visitado en 2006. No recordaba bien aquella primera visita. Recorrimos de nuevo las salas y también el Museo de Carruajes Imperiales, situado dentro del mismo recinto. Almorzamos en una cafetería del complejo. Pedimos salchichas con puré y goulash. La comida fue correcta y el precio razonable. Frente a la fachada principal del palacio se encontraba uno de los seis mercadillos que visitamos. El de Schönbrunn destaca por su ubicación junto al conjunto barroco.
Otro día fuimos a la Catedral de San Esteban, en el centro de la ciudad. La entrada al interior cuesta 6 euros. Visitamos las vidrieras y las capillas. En los alrededores había otro mercadillo con puestos de comida y bebida caliente. Después caminamos por el Graben y la Kärntner Straße. Comimos en Vapiano Moulin Rouge, un restaurante de cadena donde preparan la pasta al momento. La opción resultó práctica y a precio moderado.
Palacios y arte imperial
Dedicamos una jornada a la Biblioteca Nacional Austriaca. La sala principal, de estilo barroco, cuenta con frescos, globos terráqueos y fondos antiguos. Es uno de los espacios más destacados de la ciudad.
Cerca se encuentra la Cripta Imperial, en la Iglesia de los Capuchinos. Allí están enterrados miembros de la dinastía Habsburgo, entre ellos Francisco José y la emperatriz Isabel. Las urnas funerarias son piezas de metal trabajadas con gran detalle. En esa zona visitamos también el mercadillo de Freyung, de menor tamaño y ambiente tranquilo.
El mercado más grande es el de Rathausplatz, frente al Ayuntamiento. Reúne numerosos puestos y una iluminación extensa. Junto a él se encuentra la Iglesia Votiva. En Maria-Theresien-Platz, entre los museos de Historia del Arte y Ciencias Naturales, hay otro mercadillo.
Belvedere y Karlplatz
El último día visitamos el Palacio de Belvedere. Allí se exponen obras de Gustav Klimt, entre ellas El beso. Después caminamos hasta Karlplatz para ver la Iglesia de San Carlos Borromeo. También entramos en el edificio de la Secesión, donde se conserva un friso de Klimt. Comimos en el restaurante Bier & Bierli, cerca de la Ópera. Ofrece cocina tradicional y precios razonables.
Detalles prácticos
En viajes anteriores volábamos con escala desde Alicante o Valencia. En 2023 optamos por un vuelo directo. Para trasladarse desde el aeropuerto al centro, el City Airport Train (CAT) es rápido. En grupo, puede resultar más práctico un traslado privado. El transporte público funciona con regularidad. Tranvía y metro permiten desplazarse con facilidad. Estar alojado cerca del centro o de una línea directa simplifica los trayectos. Viena se recorre bien a pie.
En distintos viajes hemos hecho pausas en cafés tradicionales para tomar melange, tarta Sacher o apfelstrudel. En una visita anterior asistimos a un ensayo general de la Escuela Española de Equitación, en el Hofburg. Días después acudimos a una representación completa. Viena mantiene un entorno ordenado y limpio. Es una ciudad que conserva su patrimonio y su ritmo estable.
"No hay propiamente edad de la vejez. Se es viejo cuando se comienza a actuar como viejo."
En 2017, por motivos profesionales, viajé en dos ocasiones a Bolivia. Visité La Paz y Santa Cruz de la Sierra, las dos ciudades más importantes del país. No fue un viaje turístico, pero aproveché los ratos libres para recorrer, observar y formarme una impresión personal. No todos los viajes inspiran asombro o ganas de volver; a veces, simplemente confirman que no todo destino conecta con uno. Este fue uno de esos casos.
La Paz
Vista de La Paz
Llegué sin grandes expectativas, pero tampoco con prejuicios. Situada en un cañón que desciende desde El Alto —a más de 4.000 metros de altitud—, La Paz parece colgar de los cerros, hecha de ladrillo crudo, cables, escaleras y pendientes infinitas. A esa altura, todo cuesta: el aire escasea y hasta un paseo corto agota.
El centro histórico gira en torno a la Plaza Murillo, con la Catedral Metropolitana, el Palacio de Gobierno y el Parlamento. El conjunto no logra imponerse: edificios modernos y torres desproporcionadas rompen la armonía, y el tráfico caótico lo invade todo. La Paz me pareció la capital menos atractiva de América Latina. Me quedé con las ganas de visitar el Salar de Uyuni, pero el tiempo y las distancias lo hicieron inviable.
Santa Cruz de la Sierra
Catedral de Santa Cruz de la Sierra
Pasados unos meses, volé a Santa Cruz. A menor altitud, el aire se respira mejor y el clima tropical suaviza la estancia. Su plaza principal y la Catedral de ladrillo visto son sus principales atractivos, junto a algunos palacetes coloniales. Es la capital económica del país, con un ambiente más abierto y empresarial, aunque sin grandes reclamos turísticos.
Fue una experiencia más llevadera que en La Paz, pero tampoco despertó entusiasmo. La estancia fue correcta, sin tensión ni emoción. Bolivia, con su patrimonio cultural y natural —Sucre, Potosí, Salar de Uyuni, Lago Titicaca— tiene destinos de gran valor, pero en este viaje concreto no logré conectar con sus dos ciudades principales.
Reflexión final
Con 73 años y muchos destinos ya recorridos, sé que probablemente no regresaré a Bolivia. Lugares como el Salar de Uyuni o el Lago Titicaca seguirán siendo para mí paisajes admirados desde la distancia.
Etiquetas: viajes, Bolivia, La Paz, Santa Cruz de la Sierra, Sudamérica, capitales, turismo cultural
En 1989 realicé mi primer viaje al extranjero. Un mes de curso en Alexandria (Virginia), a pocos minutos de Washington, D.C.. Fue un inicio perfecto: aprendizaje, rutina sencilla entre semana y, los sábados y domingos, descubrimiento pausado de la capital. Aquel viaje abrió una puerta que ya no volvería a cerrarse.
Llegada y alojamiento
Me alojé en Alexandria, ciudad tranquila junto al Potomac. El desplazamiento a Washington lo hice en metro, cómodo y directo.
Tip práctico: alojarse en Old Town o cerca de una estación de metro facilita los traslados y permite moverse a pie por las zonas históricas.
Itinerario por la ciudad
Old Town Alexandria
El centro histórico conserva su aire colonial: calles adoquinadas, fachadas de ladrillo rojo y ritmo sereno. Recuerdo especialmente una cena de cangrejos y un paseo en barco por el Potomac, con vistas abiertas hacia la capital.
Old Town, Alexandria
National Mall
El gran eje monumental entre el Capitolio y el Lincoln Memorial. Un espacio abierto que combina solemnidad, cultura e historia, flanqueado por museos del Smithsonian.
Monumentos que me marcaron
Capitolio: icono político e histórico.
Lincoln Memorial: arquitectura clásica y presencia sobrecogedora.
En Alexandria probé una cena de cangrejos típica: sencilla y buenísima. En Washington, conviene alternar los food courts de museo con algún diner clásico del centro.
Compras y paseos
King Street (Old Town): tiendas y cafés con encanto.
Más que una formación profesional, fue mi primer acercamiento real a otra cultura. Washington y Alexandria quedaron como el punto de partida de una larga serie de viajes que ya forman parte de mi vida.